Descubramos nuestra capacidad

LEONOR AGUILAR Dejó el Perú creyendo que afuera había oportunidades. Y afuera supo que el negocio estaba aquí. Ahora vive de quienes se siguen yendo, convencidos de que aquí jamás la harán Las chicas de su promoción del colegio la ven y no lo creen. "Leonor, pero si tú eras de las que se 'tiraban la pera', ¡tú eras una demonio!". A fines de los 70, la demonio se fue del Perú. Quería una vida mejor. No sabía que terminaría conduciendo su propia empresa. Mucho menos que lo haría desde el país que dejó.

El Día de la Madre de 1978, producto de una estafa, nació su oportunidad de negocio. No calificaría ese hecho de estafa, fue un incumplimiento del servicio. Cuéntenos. ¿Qué le pasó? Muy simple: estando en Venezuela tuve la necesidad de enviar un regalo --un dinero a mi mamá por el Día de la Madre-- y no había empresas constituidas, solo personas que se dedicaban al envío de dinero a Lima. Deposité, pasaron unos 10 días y el dinero no llegaba. Eso causó reclamos, molestias. La persona a cargo no quería responder: "Mañana", me decía. Me devolvió el dinero después de 30 días, pero para entonces ya me había pasado 15 días yendo y, sobre todo, viendo que había demanda del servicio; pero que se trabajaba con desorden, que había mucha desorganización. Había una necesidad, ¡y quién iba a pensar que hoy las remesas de dinero iban a ocupar una de las partes más importantes en la economía del país! Usted era asistenta social en Centromín Perú. ¿Por qué se fue del país? Ya había cumplido mi meta en Centromín. Tenía ya 3 años, había como 160 trabajadoras sociales, 20 mil empleados. Le preguntaba a mi jefe: "Para ser jefa o subjefa, ¿cuántos años me faltan?": Veinte. ¡Se tiene que morir alguien! En ese momento se hablaba de que Venezuela era un país de grandes oportunidades. Allá, yo tuve la ocasión de participar en un congreso de trabajo social, y vi la maravilla que era ese país. Regresé con la idea de que allá estaba mi oportunidad. Mi jefe me había dicho: "Leonor, hay gente que nace para dirigir y gente que nace para ser dirigida; tú has nacido para lo primero". Es que él me decía: "Vaya a La Oroya, a Cobriza, a Cerro de Pasco, ¡vaya a reemplazar!". Y yo nunca decía que no. Siempre estaba dispuesta porque --¿sabes qué?-- yo siempre he pensado que hay que abrir nuevas puertas. ¿Y se fue a Venezuela de ilegal? No. Allá tuve la oportunidad de conocer a personas muy buenas --además de muy importantes-- a las que les comenté nuestra problemática. En el mismo congreso destacamos que una trabajadora social en Centromín ganaba 100 dólares, estaba expuesta a riesgos debido a los viajes constantes y en un municipio --en Venezuela-- una asistenta social ganaba 3.000 dólares. Y te voy a decir que la preparación de los peruanos es muy buena: allá se quedaron sorprendidos por nuestra participación. Hizo un contacto y regresó a Venezuela. Fui a cumplir otro reto. En el Perú ya no hay autoritarismo, la inflación está controlada. Sin embargo, afuera hay más de 2,5 millones de peruanos y se siguen yendo. ¿Por qué? Porque las oportunidades económicas en el extranjero son superiores. Pero usted es la prueba de que aquí también hay oportunidades. Las hay, pero el ingreso económico es bajo. Aquí, un empleado que gana mil soles, con esposa e hijo, debe pagar casa y tiene para vivir 20 días. Para el resto debe usar la tarjeta de crédito. ¡Esa es la realidad! Se trata solo de un tema de ingreso económico. ¿Y qué hay de la actitud? Porque, repito: usted es una prueba de que en el Perú sí hay oportunidades. Yo partí a Venezuela hace 25 años, cuando todavía teníamos una situación económica regular. Lo que yo ganaba era para mí. No tenía compromisos mayores. Hoy la situación ha cambiado muchísimo: yo fui a Venezuela por mi inquietud de hacer las cosas mejor, de plasmar lo que había estudiado... aunque, claro, terminé trabajando en oficinas administrativas, labores nada vinculadas a mi carrera. Vuelvo al tema de la actitud. No ocurre que estando aquí no nos damos el trabajo de... Yo tuve que salir del país: tuve esa oportunidad hace 25 años, y cuando comenzamos esto (Jet Perú) no sabíamos del crecimiento que iba a tener... Su primera oficina fue el garaje de su padre. Sí. Primero fue en la casa donde vivíamos. Él veía la afluencia de público y decía que era muy delicado: ¿cómo sin conocer a esas personas las dejábamos entrar a la casa? Entonces, como él tenía un local en la avenida Alcázar (en el Rímac), nos pasó para allá. Él nos ayudó bastante. A quiénes se refiere cuando dice: nosotros. La empresa Jet Perú nos pertenece a mí y a mis dos hermanos. Hoy es el líder en transferencias de dinero. ¿Cómo lo lograron? Con mucho trabajo. Y en nuestro caso, por tratarse de una actividad delicada --el manejo del dinero de terceros--, creo ha predominado la seriedad, la transparencia, la honradez, el cumplimiento, la seguridad que le hemos ido dando a nuestros clientes. La competencia es fuerte y no hay que dormirse. En su caso, han establecido alianzas con diferentes empresas a fin de ofrecer un mejor servicio. En el Perú, es importante brindar un servicio al 100%, y nosotros, con 26 oficinas en todo el país, no cubrimos todas las necesidades: era necesario tener como socios estratégicos tanto a entidades financieras como comerciales. Nuestra idea fue contar con ellos --como pagadores-- en todos los lugares en los que no está Jet Perú; y esto con la finalidad de que al cliente que llegue a nuestras oficinas en el mundo siempre se le pueda decir: sí se puede, sí se hace, sí se logra. Ese es uno de nuestros secretos, y ahora otro de nuestros valores agregados es hacer servicios a domicilio. Nosotros llevamos remesas de dinero a Santa Mónica (al penal de mujeres), a San Jorge, a hospitales. Hemos ido captando las necesidades del público. Siempre estamos buscando diferenciarnos de la competencia. De profesión es asistenta social y en Venezuela trabajó de recepcionista, ambos oficios más bien sedentarios. Hoy es una ejecutiva, y todo gracias a eso que no quiere llamar estafa... Fue una circunstancia, pero no se debió solo a eso, sino también a que vi la necesidad. Y también porque había 'algo' en usted. ¡La idea de que podíamos dar un servicio igual y mejor! Nosotros acortamos las distancias, porque 20 años atrás, en Venezuela, la gente decía: salimos a Lima el 15 --con cartas, giros, encomiendas-- y partía con todas sus maletas --nosotros también lo hemos hecho, así empezamos--, pero decidimos atender más necesidades: había personas que decían: "Necesito enviar a Lima 200 dólares ahorita". ¿Cómo hacemos? Ahí entraba papá. "¿Tienes 200 dólares para entregarle a Pedro Pérez?". Sí. Y así comenzamos a ofrecer el servicio de entrega de dinero de un día para otro. Ocurre, entonces, que muchas veces tenemos dentro la capacidad para hacer empresa, pero no nos damos cuenta. Yo creo que sí, ¡y hay que descubrirla! Por eso paramos motivando a los más jóvenes --a los hijos, a los sobrinos--, les decimos que se prueben en la recepción de la empresa, y lo hacen, ¡pero quieren que se les pague! Entonces les explicamos que los negocios empiezan de cero, ¡y ya los estamos viendo! Se juntan y están viendo qué producir, qué exportar, ¡ya están hablando del TLC! Uno les va creando necesidades. En su caso, si no le hubieran incumplido con ese envío, no habría ido a esa casa... Y no habría visto todo ese desorden. Pero pudo haberlo visto y no darse cuenta de nada. Lo que pasa es que, desde muy pequeña, yo tengo una vocación de servicio. No sé si estará relacionado, pero hasta ahora --pese a ser la dueña de la empresa-- yo no dejo de bajar a atender a mis clientes: me nace escucharlos. O sea que, al fin de cuentas, usted sigue siendo una asistenta social. Yo pienso que sí. Tengo una vocación de servicio increíble: yo le llevo su dinero a donde el cliente me lo pida. ¿Qué fue de la persona que le incumplió con su envío? No la he vuelto a ver, pero sé que ya no está en el mundo de las remesas. LA FICHA Nombre: Leonor Aguilar Reyes. Colegio: G.U.E. María Parado de Bellido, del Rímac. Estudios: Asistenta social de la Universidad San Martín de Porres. Edad: "¿Lo podemos obviar? (ríe)... Tengo 51 años. Bien puestos ¡y bien trabajados!". Cargo: Fundadora, socia y, desde hace una década, gerenta general de Jet Perú.

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